María Pujalte, Cristina Plazas y Francesca Piñón protagonizan Les Bàrbares, una comedia dramática que nos sitúa en un viaje de amigas que repasan las decisiones que han tomado a lo largo de sus vidas. Acompañadas de Berta Gratacós a la música, esta obra de David Selvas da voz y protagonismo a mujeres maduras que quieren dar su opinión sobre el feminismo, el patriarcado y sus vidas.
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ToggleLes Bàrbares, una obra sobre tres mujeres que reflexionan sobre sus vidas y sus decisiones
La obra comienza con Berta Gratacós, la cantante y músico, que nos da la bienvenida con una voz delicada y dulce. Nos contextualiza: estamos en un concierto y nos invita a apagar los móviles para disfrutar de la experiencia. En todo momento, Berta estará en el escenario, acompañando la historia con su música y su voz, como si el concierto estuviera sucediendo en un segundo plano.
En el escenario vemos a tres amigas protagonizadas por María Pujalte, Cristina Plazas y Francesca Piñón. Tres mujeres muy diferentes que se reúnen después de la muerte de Bárbara, una chica joven que se integró en el grupo. Tenemos a tres perfiles distintos: una mujer muy profesional, una mujer cuidadora y una ama de casa de clase alta. Tres mujeres diferentes que tomaron decisiones diferentes y que tienen diferentes puntos de vista sobre la visión que hoy en día hay sobre el hecho de ser mujer.
La muerte de Bárbara es el motivo que reúne a las tres amigas a hacer esta escapada y juntarse de nuevo. Bárbara, una chica joven, que les hace de espejo a las mujeres más mayores y les invita a reflexionar sobre sus decisiones. Y es que, Bárbara, antes de morir, propuso que tuvieran este encuentro en el que, sin máscaras y sin tapujos, fueran sinceras con ellas mismas. Pero este ejercicio será más difícil de lo que parece…
La figura de Bárbara es el motor que hace que la trama avance. Ella, una mujer joven, feminista y actual, les anima a que se planteen cómo les ha afectado el patriarcado en sus vidas y si hubieran hecho algo diferente. Una pregunta que escuece y que incomoda y que hace que la reunión deje de ser distendida para convertirse en un desnudo emocional y visceral.
Un debate sobre el feminismo actual un tanto delicado…
En la obra, se plantea en muchas ocasiones la noción de «feminismo actual», ya que hay algunas que se sienten identificadas e integradas con el movimiento, y otras que no. Recordemos que estamos en una reunión entre amigas y que nosotras, las espectadoras, somos como «espías» que ven lo que allí está sucediendo.
¿Y qué es lo que pasa? Que Susi (María Pujalte) no se siente identificada con el feminismo actual, no lo entiende, tampoco lo rechaza, simplemente de un paso atrás y deja que las nuevas generaciones hagan la revolución. Hasta aquí, bien, entendible e integrador. Pero hay un momento en el que su discurso chirría y donde las mujeres que hoy en día sí que nos sentimos integradas con el feminismo, nos sentimos apartadas, ridiculizadas y, por tanto, nos causa rechazo.
Es cuando se ríe de algunas de las cosas que se están consiguiendo con el movimiento feminista actual; reírte de avances como quitarle el tabú a la sexualidad femenina y, es más, ridiculizarlo, es un mensaje que, hoy en día, cuesta de asimilar. Me expulsó de la obra, me causó rechazo y me hizo agudizar la mirada. Entiendo que estamos en una conversación entre amigas, pero no olvidemos que estamos en el teatro y, por tanto, que estamos comunicando. Se intenta hacer una broma fácil, rápida, pero al final queda en una broma casposa.
Defensa de un feminismo global, sin etiquetas
Pero, después de esta broma, consigo volver a entrar en el discurso porque, al fin y al cabo, los personajes están defendiendo un feminismo global, sin etiquetas. Todas y cada una de ellas denuncian el patriarcado desde su prisma, un patriarcado que está en la base de la sociedad.
Y es Susi, de nuevo, la que me hace conectar con esa visión cuando defiende la decisión que tomó de dejar el piano. Su argumentación hace que veamos que, lo que puede ser juzgado y criticado desde la perspectiva feminista actual, puede ser un error si se entra en la base. Ella deja de tocar el piano, también, por la presión patriarcal que siente hacia su «talento», por lo tanto, nos invita a dejar de juzgar tanto y dejar que las mujeres tomen sus decisiones como les salga del mismísimo. El personaje, aquí, vuelve a recuperar su fuerza y tiene un discurso integrador, no excluyente.
El personaje interpretado por Cristina Plazas también es interesante porque denuncia el edadismo que vivimos en la sociedad y que es especialmente notorio en el mundo de las mujeres. Ella, una mujer profesional que ha dedicado su vida a su carrera, siente que, a causa de la edad, empieza a no tener su lugar en el mundo. Se siente que molesta, se siente expulsada, se siente que ya no sirve. Una perspectiva que es interesante de incluir en la obra porque, hoy en día, se está tratando de visibilizar esta situación.
Un elenco de primera
Dejando atrás el contenido de la obra, las tres actrices se comen el escenario. María Pujalte, Cristina Plazas y Francesca Piñón representan a tres tipos de mujeres que hay en la sociedad hoy en día, con sus contradicciones, con sus egos y con sus máscaras.
El diseño de personajes y la profundidad que tienen es de lo mejorcito de la obra. Las tres mujeres que vemos en el escenario son mujeres REALES, identificables hoy en día. Y la conversación que presenciamos está cargada de naturalidad y de veracidad. Las escuchamos, empatizamos con ellas y las abrazamos desde la platea.
Una obra con buen ritmo, pero sin acciones
Les Bàrbares es una propuesta que comienza con un planteamiento interesante: el juego que Bárbara les propone para que se quiten las máscaras y se enfrenten cara a cara con ellas mismas. Pero ese juego queda totalmente diluido, en segundo plano. Es un juego dividido en dos fases que, finalmente, no queda en nada. Es un «juego-excusa» para introducirnos a la conversación que va a tener lugar. Y, aunque la conversación es interesante, faltan acciones, que pase algo, que haya más teatro.
Les Bàrbares es una propuesta en tono de comedia que reflexiona sobre el feminismo y la huella que el patriarcado ha dejado en las mujeres. Una obra con toques divertidos, pero a la que le falta dinamismo y en la que hay algunas bromas fáciles que chirrían y que, sinceramente, me cuesta imaginar que diga una mujer (empotrar, por ejemplo).
Pero el resultado global es el de una obra distendida que da voz a mujeres maduras para que opinen y reopinen sobre todo lo que pasa en el mundo. Y eso está mejor que bien.
- Lo que más me ha gustado: El trío de actrices que hacen que los personajes sean de verdad, palpables, identificables.
- Lo que menos me ha gustado: Querer hacer bromas fáciles con temas delicados como el feminismo o la homosexualidad. Se pueden hacer bromas, pero más respetuosas, más inteligentes. Tirar del ridículo o de lo «burdo» me parece una idea pésima.









